Cumpleaños de Noemí


Aún le quiero y los niños también, pero eso no importa. Ellos saben quién es capaz de cuidarles y quién no. Se afloja el nudo de la corbata en la sala del Juzgado. Detesto su pose de no haber roto un plato. Y en cierto modo es cierto, pero ese es precisamente su delito. Sin embargo, una gota colmó el vaso. Él, luego sus “platos exquisitos”, los buenos gourmets y, por último, el resto de seres humanos. Discutimos y él se fue a cenar solo al restaurante ni siquiera durmió en el sofá. Ya no era cuestión de la crisis.  Cuando intentó entrar en casa, Noemí se asomó a la ventana del porche y le tiró la tarta de merengue con las diez velas apagadas. No dijo nada, pero probó el pastel e hizo una mueca de desagrado. No está feliz de solo visitarnos los sábados.  Habrá apelación.

Victor Javier Moreno

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