Una chica entre gemelos


Dos hermanos caminan río abajo por la orilla mientras beben cerveza.

-No recordaba que este riachuelo fuese tan estrecho.

-Tampoco nosotros somos los mismos, John.

-El agua corre más rápido.

-Ha llovido mucho desde entonces.

-Ni siquiera me acuerdo de la primera vez que vinimos al río. Al venir aquí el tiempo se paraba, el mundo no existía para nosotros.

-El tiempo sigue corriendo aunque no te des cuenta.

-¿Qué nos ha pasado, Carl?  Y no me digas que ha sido por la Universidad.

-Lo sabes bien.

-No, quiero decir: ¿por qué pasó eso entre nosotros? Se supone que somos hermanos.

-A lo mejor fue porque somos precisamente eso, hermanos.

-No tiene sentido.

Carl se frena, deja la lata en una roca, orina de cara al río. John hace lo mismo.

-Piénsalo John: somos gemelos; nos gustan las mismas cosas; hablamos casi igual; somos rubios, con idéntica melena; hasta la tenemos igual de larga.

-¿Qué me quieres decir? ¿Qué le daba igual el uno que el otro?

-Exactamente.

-No creo que sea eso, Carl.

-Se fue conmigo porque no había ninguna diferencia entre tú y yo, porque tres no caben en una pareja. Pero sospecho que le hubiera gustado quedarse con los dos. Cierran la cremallera, recogen la lata y retoman el paseo.

-¿Sabes cuál fue nuestro problema? –dice John.

-¿Qué?

-Que siempre hemos sido la mitad de nosotros mismos.

-No, John, al contrario, el problema es que solo hemos sido una copia.

-¿Y qué me dices de mi soledad?

-Pues que ojalá ella hubiera tenido también una hermana, exactamente igual que ella, con la misma melena rizada, las mismas piernas largas y con el mismo culo redondo.

-En eso sí tienes razón –dice John pensativo. –Deberíamos buscarnos un par de gemelas como nosotros.

-Vamos John, no sé porqué lo he dicho. Qué importa ahora con quien terminemos. Eso es agua pasada. Déjalo.

Llegan al estanque donde termina el riachuelo y los sapos croan encima de grandes nenúfares. Solo se escucha el sonido del agua nueva rejuveneciendo a la estancada. Algo llama la atención de John.

-Mira, fíjate. Esa tortuga está meando un líquido verde.

-Sí, ¿y qué?

-Que luego ha escondido la cabeza –John mira a su hermano, pero éste le pone cara de póquer.

–Que ha sido por vergüenza.

-¿Cómo va a tener vergüenza una tortuga? Esto se nos está yendo de las manos.

-Ha hecho lo mismo que tú, tirar la piedra y esconder la mano.

-¿Lo mismo que yo? ¿Con qué?

-Pues con eso de buscarnos unas gemelas, Carl. ¿Me vas a decir que no te gustaría?

-Sí, me gustaría, pero, a ver, ¿dónde vamos a encontrar unas gemelas?

-Salgamos del pueblo. Hagamos un viaje por toda California, de San Francisco a San Diego.

-John, deja de tomar cerveza.

-¿Sabes qué? -prosigue Carl. -Mañana me corto el pelo y me dejo la barba.

Víctor Javier Moreno

Una respuesta

  1. john lennon y carl marx GEMELOS!!! DEPUTA MADRE!!!

    plas plas plas me ha molado el diálogo
    🙂

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: