No leas a Platón (por Víctor Javier Moreno)


Ahora voy sentado en un vagón de metro y me he puesto a describir la belleza vestida de mujer con una preciosa melena larga y rubia que huele a rosas con grandes espinas. Está a mi lado y la rozo con el codo, delicadamente, al escribir, como si pintara colores nuevos que brotaran desde mi ser a su cuerpo. Quizá mi suerte empiece a cambiar o, al contrario, termine en tragedia. Aunque la belleza no entiende de extremos, se encuentra al final de la razón. Y como decía Picasso, el pintor del cubismo: “Yo no busco, encuentro”. No tengo su genio, pero me mantengo alerta en la inmediatez. Imposible capturarla con el pensamiento. O uno decide devorar la belleza para apropiársela, o es devorado por su presencia, inalcanzable por los deseos mundanos.

 

Ella ha entrado en el metro sin separar los ojos de El banquete de Platón. La belleza está ciega porque se busca a sí misma. Ojalá leyera esto y no ese libro. Suelto un poco más el codo y la rozo con menos disimulo. Ella sube la mirada y, por primera vez, gira el cuello y sé que me está mirando. ¿Quién soy yo en los ojos de la belleza? ¿Está viendo la belleza de este pesimista trágico, pero sin tragedia aún, pues el abandono todavía no sabe si quedarse en este tren. Última parada: Esperanza. La próxima: Lista. Hay que ser un vivo y llevar un ritmo, una métrica en la que suben y bajan pasajeros y una incertudumbre de que la belleza salga del tren de metro. Entonces mi abandono se encuentra suspendido en una línea entre múltiples paradas desconocidas que lo hacen medroso. Tiene miedo de lo desconocido y de todos los hombres porque aún no se ha descubierto a sí mismo.

 

Toso, carraspeo un poco, a la vez que le doy un ligero codazo, la miro con el rabillo del ojo, con una sonrisa de soslayo, y le señalo con el bolígrafo lo que acabo de escribir. Y la belleza lee:

 

-Tu belleza no la tienes aquí contigo, no la busques leyendo a Platón -ella se sorprende y me mira a los ojos devolviéndome la sonrisa. Toma mi bolígrafo y empezamos a conversar silenciosamente en mi bloc.

-Mi belleza es una copia de la idea universal. Y además, una copia de una copia.

-Si es así, es claro que cada vez que se repite, sale mejor, porque eres una belleza sin igual -vuelve a sonreír y atino a ver cierta vanidad al ver cómo agita orgullosa su melena rubia.

-No soy tan hermosa.

-Me he dado cuenta que no usas muy a menudo tus espejos. Créetelo. Creer es crear, y eso no se puede copiar.

-Ah, conque ¿eres filósofo?

-Y tú la poesía -el metro acaba de llegar a una estación y bajan y suben viajeros.

-Yo me bajo en la próxima. ¿Tú en qué estación te bajas?

-En la última: Esperanza.

-Así me llamo yo. Esperanza.

-Bien, porque me gustaría llamarte.

 

Vuelve a cogerme el bolígrafo y escribe su número de teléfono, firmando con un beso que estampa el carmín rojo. Después el tren reduce la velocidad, ella se levanta y camina desbordante en sus andares de mujer. Ya desde la puerta la escucho pronunciar su voz. Me dice: “Llámame”, mientras los dedos pulgar y meñique hacen de teléfono. Cuando sale del vagón, me quedo mirándola hasta que, el tren en marcha, desaparece en el túnel, y sólo queda su olor mezclado con el de mi chaqueta.

6 comentarios

  1. Un gran relato Sr. Corleone, me entusiasma ver, que no te cansas de escribir y con sumo detalle.
    No me preguntes ¿porqué?, pero te vi en ese vagón admirando la belleza a tu lado.
    Seguramente sea solo un gran relato, pero me introduje dentro de ella, y de la chica… pues también, jajaja.
    Un abrazo, nunca te canses y cuidate.

    Negrata

    • Gracias PakinSon! Malegro q te haya gustado. Por cierto, hay relatos interasantes de Jonny por ahí, por ejemplo léete el de Los nadie. Está muy wapo. En breve cuelgo otro relato y empezaré con comentarios periodísticos. Ke parece mentira!! ¿un periodista que solo escribe literatura? ende luego. ppss!! Le pondré remedio. Ciao! Un abrazo y nos vemos en LP.

  2. Ya me encantaría encontrarme a esa belleza en algún autobús o vagón de metro. Me gustó mucho el relato. Pásame el teléfono de la rubia para hablar con ella de algo más carnal.

    Un abrazo grande.

  3. A mi lo que más me gustó fue la forma de darte el teléfono jeje ¿qué chica estampa sus labios de carmín rojo junto al teléfono en un papel? Pásame a mi también el teléfono, me gustó, felicidades VictorAnanda…

  4. Precioso dulce encantador seductor y siento decir : no me llamo Esperanza, me llamo María de Jesús y aquí estoy en este tren ;
    Graciass Victor espero que me mandes más
    Shalom !!!

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