El ocaso del desierto. Crítica literaria.


Víctor Javier Moreno

El cielo protector, Paul Bowles.

Literatura de viajes, siroco, existencialismo, sangre y excrementos.

¿Quién es Paul  Bowles se preguntarán?  Y es normal que se lo pregunten porque, en la España de Franco, pasó desapercibido. Sin embargo, ahora Seix Barral ha hecho una edición en la que se repite la traducción al español; el autor había hecho serias críticas a las ediciones españolas viendo numerosos y graves errores. Espero que esta reseña les anime a darle una nueva oportunidad a este autor que, para mí, ha sido un auténtico descubrimiento.

Paul Bowles (Nueva York, 1910-1999) escribió, compuso obras musicales –algunas para el cine- y, sobre todo, vivió como un nómada hasta que se asentó con su esposa en Tánger en 1947. Viajar no sólo da cultura, también abre la mente. Y El cielo protector es una novela escrita en 1949: el matrimonio Bowles, Paul y Jane –la musa que inspiró a Truman Capote-, ya había realizado un itinerario parecido. Fueron muchas veces las que Bowles insistió en que la novela era ficción y no autobiografía, poco sirvió, pues no le creyeron. Eso cuenta el autor en el prólogo de la reedición un año antes de su muerte.  Así que no busquen más morbo que el que dan ya sus propios personajes.

El cielo protector es su novela con más éxito y un clásico de la literatura americana del siglo XX. También tuvo éxito en el cine en 1991. A Bernardo Bertolucci le pareció que tendría buena acogida comercial. Un refinado matrimonio occidental, Port y kit, se adentra en el Sáhara con su amigo Tunner para recomponer su relación. Es un viaje al desierto, pero también una alegoría de la aventura donde su piel occidental es despellejada sin piedad, pero también empieza a dorarse con el seco siroco una piel más curtida. Incluso Tunner, su amigo, les guarda una sorpresa a esta pareja: “colecciona trofeos” que no son trofeos; para más información leerse el libro.

Bowles es irónico, duro y tan seco como el ambiente que describe. Y lo hace de una manera elaborada. Ojo: no es barroco ni preciosista, pero escribe con más pincel que Heminway o Henry Miller. De Hem ya no podemos decir esto, pero sí de Miller: la estructura de El cielo protector es muy meticulosa. Lo hace, me parece a mí, para profundizar en la psique de los personajes y alternar uno y otro para ver cuan interrelacionados están entre ellos. Siempre está presente el Sáhara y su gentío como otro personaje más.

Así que quien quiera introducirse en Marruecos porque piensa visitarlo algún día, puede empezar con Bowles, que lo ama y lo conoce bien, y sabe adaptarlo a un lector occidental. Este autor podrá influir en ti tal como lo hizo en los escritores de la Generación Beat: W. Burrougs, Allen Ginsberg, Tennessee Williams, Jack Kerouac, e introducjo a muchos de ellos en drogas marroquíes como el majoun. Pero nunca perteneció a ningún grupo literario. Estuvo entre la Generación Perdida de Heminway, John Dos Passos, John Steinbeck, William Faulkner y Francis Scott Fitzgerald, y la Generación Beat.

Ser viajero no es lo mismo que ser turista. Digamos que fue este libro el que empezó con todo eso. No con la realidad del viajero, por supuesto, sino con esa famosa forma de ver el viaje. ¿Cuál será la diferencia?

El cielo protector es un buen título, pero podría llamarse también: El ocaso del desierto. Digamos que cada personaje encuentra límites dentro de esos obstáculos, de esas obsesiones, de esas compulsiones. Pero el límite de Port es realmente filosófico-existencialista, y también lo es el de Jane, aunque de otro modo. Pero ambos llegan al límite de la razón porque han llegado al ocaso de ese desierto gracias al dolor de esa piel despellejada. He aquí un fragmento:

“Sangre y excrementos fusionados. Aparece una estrella negra. El cielo lleva al descanso tras perforar la fina tela protectora”.

Se llega al equilibrio al final del libro dos: con lo que ya no es necesario la protección con esa fusión de sangre, nutriente, y excremento, dolor nauseabundo.  Aquí la intensidad de la historia entra en declive, pero está más que justificado porque empieza una reflexión sobre muerte, la soledad y las respuestas que nunca llegan cuando se pregunta sobre la existencia. Regresar a sí mismo, la soledad. Para Kit, una angustia en la que se enfrenta en la tercera parte; Port, simplemente continuará su camino.

Una respuesta

  1. warren me gusta el toque ligero tiene un estilo poco común yo diria que hasta muy televisivo, me gusta

    el ritmo me recuerda a cuando los niños cuentan historias

    y entonces…
    y entonces…
    y entonces…

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