Extracto del Quijote


En un lugar del pensamiento, de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo que vive un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.

Es, pues, de saber, que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso (que eran los más del año) se daba a leer libros de auto-ayuda y meditación con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de su raza, y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura, para comprar libros de de auto-ayuda y meditación en que leer y pensar; y así llevó a su casa todos cuantos pudo haber de ellos; y de todos ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso W. Dyer: porque la claridad de su prosa, y aquellas intrincadas razones suyas, le parecían de perlas; y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafío, donde en muchas partes hallaba escrito: la razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura, y también cuando leía: los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas se fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza. Con estas y semejantes razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas, y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara, ni las entendiera el mismo Aristóteles, si resucitara para sólo ello.

En resolución, él se enfrascó tanto en sus pensamientos, que se le pasaban las noches pensando de claro en claro, y los días de turbio en turbio, y así, del poco dormir y del mucho pensar, se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que le venía a la mente, así de encantamientos, como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles, y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.

En efecto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra, como para el servicio de su planeta, hacerse iluminado, e irse por todo el mundo con sus ideas y teorias a buscar personas como él, y a ejercitarse en todo aquello que él había leído….

2 comentarios

  1. Vaya un Quijote atormentado, el resto de los mortales se mofa de su triste sombra, sin embargo, en cada uno de nosotros hay algo quijotesco. Todos dudamos y rozamos la locura en algún momento, ¿no?

    Me gustó tu nueva creación. Sigue escribiendo, amigo.

    Un abrazo,

    Pks

    • Es prácticamente todo original, salvo esa inclusión acerca de la Nueva Era, claramente cómica. Cierto que todos somos algo apasionados hasta la locura cervantina.

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