Crítica.- El juez y su verdugo


El juez y su verdugo (1954).- Friedrich Dürrenmatt (Berna, Suiza).

El juez y su verdugo es un clásico poco conocido hoy en día y que debería redescubrirse, sobre todo para aquellos amantes de la novela policíaca.

El juez y su verdugo sugiere desde el propio título una historia prometedora. ¿El verdugo está a servicio del juez? ¿El juez tiene un verdugo porque ha cometido un crimen? ¿Es el verdugo un justiciero o un hombre de ley? Prácticamente nada se sabe al empezar a leer la obra, se dan muy pocas pistas para resolver quién ha sido el asesino de ese hombre encontrado en su coche parado en la cuneta con un balazo que le atraviesa las sienes. Incluso se llega a dudar de la capacidad de la policía -la policía de una comunidad pequeña y poco acostumbrada a estos casos. No decepciona, en absoluto, más bien Friedrich Dürrenmatt sorprende.

Los personajes de Dürrenmatt cumplen sus propios deseos o misiones, ya sea al margen de las leyes o normas sociales, en caso de ser un policía o juez, o se refiera a los diez mandamientos o el evangelio, en caso de ser un sacerdote. Ésta es una obra policíaca, una de las tres de Friedrich, que resulta muy atractiva por salirse de la lógica y trasladarse al ámbito de la paradoja, contradicción o contrasentido: la neurosis, como única modalidad al alcance de los seres humanos. Dürrenmatt pensaba que: “El hombre es un error colosal de la Evolución”.

Destaca por sorprender una y otra vez con una gran capacidad creadora. Múltiples sorpresas que terminan en un final de genio. Esta novela corta de 166 páginas se devora rápido. Y es que cuanto menor es el compromiso ideológico, mayores son las posibilidades de crear algo realmente original y en la década de los cincuenta, sin duda, lo fue. Sus influencias tuvieron mucho que ver en esto.

Friedrich Dürrenmatt es uno de los escritores más importantes de la literatura suiza del siglo XX y varias veces candidato al premio nobel. Hijo de un pastor protestante le influyó el existencialismo de Kierkegaard y las obras de Kant, Schopenhauer, Nietzsche, pero sobre todo por Max Stirner. Rechaza todo sistema, se basa en el yo irreductible del anarquismo, independiente de la socidad, el humanidad, dios y el estado. El individuo existe cuando se afirma se particularidad como único, por lo que no puede someterse a ningún sistema de pensamiento exterior a él. No es un mero instrumento de la sociedad o del poder. Es su vida y son sus deseos los que deben ser satisfechos. Stirner diagnostica en su obra la enfermedad del nihilismo y plantea estrategias para su superación: el fortalecimiento de la voluntad del yo. En los años cincuenta tuvo gran acogida entre los artistas a la hora de mantenerse alejados de las ideologías para reivindicar la libertad creadora y aligerada de lastres dogmáticos.

Víctor Javier Moreno

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