Fábula


La fábula está escrita por Alejandro Jodorowsky

En un poro de la piel, como si fuera un pozo profundo, vivía prisionera una colonia de microbios. Todos miraban el azul del cielo que de vez en cuando brillaba en la boca de la cárcel y soñaban con salir un día para revolcarse en los verdes prados y vivir junto al penetrante aroma de las flores. Parados en dos filamentos, expresaban sus grandes ilusiones: “¡Yo me inflaré y pronto, convertido en globo, podré flotar hasta arriba!” “¡Ilusos, hagan como yo: críen músculos y sean fuertes!” “¡Con estos seudópodos me tallaré escalones a latigazos!” Y así se pasaban los días, pero mientras ellos trataban de aumentar en cualquier forma posible, hubo un microbio que comenzó a plegarse como acordeón, haciéndose cada vez más pequeño. El jefe de los esperanzados lo miró desde lo alto de su orgullo: “¡Este estúpido se está encogiendo!” La colonia lo despreció y, como continuara prensándose, sus integrantes fruncieron el núcleo: “¡Se burla de nosotros! ¡Pretende expresar su desprecio por nuestro ideal! ¡Cómo es posible que este maleducado trate de ser menos, cuando nosotros tratamos de ser más!” No consiguieron persuadirlo. Siguió apretando sus partes como si quisiera desaparecer de la vista de sus prójimos. Vinieron las burlas, los remedos sarcásticos, las frases despectivas, los empellones. Se hizo tan minúsculo que fue olvidado. Una mañana; cuando todos estiraban sus membranas para acercarse aunque fuera un trecho imperceptible al azul luminoso de la superficie, nuestro microbio dejó de presionar sobre sí mismo, se soltó como un resorte y sus fuerzas comprimidas estallaron con tal ímpetu que saltó hacia el exterior cual un disparo de rifle. ¡Fue a dar al mundo que ansiaba! Los demás quedaron en el fondo del agujero envidiándolo sin saber qué hacer con el cuerpo que tan orgullosamente habían agrandado.

 

 

“Quien disminuye su vanidad se engrandece, los logros supremos llegan por humildad, una buena estrategia multiplica las fuerzas”, A. Jodorowsky. Y yo añado a las palabras sabias de este maestro que: cuando uno se engrandece humildemente, piensa uno en que es grande y vuelve la vanidad. El pensamiento no ayuda a ser digno de la humildad, ni de la dignidad misma, es más, de nada en absoluto. Por eso los orientales se esfuerzan en que el pensamiento no se ponga de por medio entre ellos y la vida y les transforme en algo que no desean ser. Haz humilde aquello que tengas que hacer. No esperes nada real que provenga del orgullo. Hace tiempo dejé mis amistades falsas atrás y ya no se interponen entre la vida que quiero, que es la de ser auténtico, y yo mismo. Mis amigos de ahora son los amigos que quiero y que no piensan que es mejor ser orgulloso, vanidoso o importante. Se ríen de eso. Por ello, seguimos ejercitándonos para vivir con humildad.

 

Haz lo que sientes y no lo que los otros te imponen: eso es el germen de totalitarismo, pero sobre todo y más importante porque en la vida hay que ser uno mismo. Si no puedes caminar salta.

Una respuesta

  1. Pues sí, yo lo digo siempre amigo, el egoismo y la vanidad son la contaminación del ser humano y del mundo y de las relaciones.

    Más vale vivir un segundo con consciencia que mil vidas en piloto automático, sin saborear, sin oler, sin ver lo que la vida nos ofrece.

    Un enorme abrazo!!

    Javi

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